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Historia del celular

El uso de los teléfonos celulares, ha aumentado de manera notable en los últimos años. Esta demanda creciente de la comunicación celular ha sido necesariamente acompañada por la instalación de una red de estaciones base de antenas para poder recibir y para enviar las señales adecuadas a esas comunicaciones.

En la actualidad se calcula que en todo el mundo existen aproximadamente 200 millones de usuarios, este aumento creciente en el uso de esos servicios públicos (aunque en su mayoría son prestados por empresas privadas), ha generado al mismo tiempo la preocupación sobre los potenciales efectos indeseados para la salud. Así, el hecho de vivir, trabajar, ir a la facultad, ir a la escuela o trabajar en el último piso de un edificio cuya azotea se encuentra poblada de dispositivos de comunicación, ha generado preocupación en los usuarios.

Una característica actual es el hecho que los sistemas de comunicaciones inalámbricos se encuentran ampliamente distribuidos dado su ubicuidad, prestando servicios incluso en zonas remotas.

Todos los dispositivos inalámbricos para las telecomunicaciones funcionan a través de campos de radiofrecuencia (RF). Sin embargo, éstos forman parte de nuestro entorno tanto a partir de procesos naturales como tormentas eléctricas, fenómenos atmosféricos y geomagnéticos, hasta de generación estrictamente humana como la generación y conducción de electricidad, ya sea para alumbrado o para brindar fuerza electromotriz, o a partir de transmisiones radiales AM, FM, señales de TV, radar y más recientemente los teléfonos celulares.

Todos estos procesos han hecho que nuestro espacio halla sido invadido de radiofrecuencias de forma casi permanente y continua. Por consiguiente, si bien es cierto que existen campos de RF naturales, en los últimos 100 años nuestra sociedad a construido y ha estado sometida a frecuencias y potencias electromagnéticas con las cuales no ha evolucionado desde un punto de vista biológico.

Aunque la intensidad de los campos de la radiofrecuencia usados para los propósitos de las comunicaciones es muy baja, estos pueden ser peligrosos en niveles altos de emisión y exposición. Un ejemplo conocido e ilustrativo lo constituyen los hornos de microondas, en los cuales se utiliza la energía de RF a una potencia y frecuencia adecuada para cocinar o calentar alimentos. Este ejemplo corriente demuestra claramente el potencial riesgo de los altos niveles de emisión y de exposición a determinados campos de RF, los que pueden causar daños por efecto térmico en los tejidos del cuerpo.

Por esta razón, en muchos países se han establecido regulaciones para limitar la exposición a los campos de la radiofrecuencia dentro de niveles seguros y bien establecidos en lo que respecta a los posibles efectos térmicos.

La radiación RF es una parte del espectro electromagnético debajo de las frecuencias de la luz visible, y por sobre los campos de extrema baja frecuencia (ELF) tales como los producidos por los cables eléctricos de alto voltaje.

Por encima de la frecuencia de la luz visible y más aún de los ultravioleta se encuentran las altas frecuencias de los rayos X, estos últimos constituyen la radiación de ionización, cuya forma de energía es denominada así porque es capaz de romper enlaces químicos y generar moléculas o átomos con cargas libres.

Las frecuencias de la luz visible así como el espectro electromagnético que está por debajo de ella, como son las frecuencias de las comunicaciones, es no-ionizante, es decir, no tienen suficiente energía para romper directamente uniones químicas.

Los estudios realizados en proximidad a las estaciones base que funciona en diversos países indican que la exposición del público a los campos de RF es de una intensidad muy reducida. Estas exposiciones son típicamente cientos o miles de veces más bajos que los niveles de exposición máximos recomendados en la mayoría de normas de seguridad y origen.

Los trabajadores que mantienen las antenas de la estación base pueden experimentar exposiciones algo más altas, aunque estas exposiciones se pueden controlar por prácticas cuidadosas en el trabajo. Los valores de exposición a los usuarios de teléfonos celulares comerciales están por debajo de los límites establecidos como seguros. Sin embargo, es conocido que los códigos o normas de seguridad se revisan continuamente y se trata de arrojar luz sobre hipótesis de potencial perjuicio a la salud.

En los últimos años se ha ido investigando una serie de procesos no tan evidentes como los que producen daño térmico (de los cuales las normas establecidas en diferentes países se ocupan con mucha especificidad) que sugieren que la exposición a los campos de RF, en intensidades menores que los necesarios para producir un efecto térmico mensurable puede causar efectos en células y tejidos.

Los llamados efectos no-térmicos ocurren cuando la intensidad del campo de RF es suficientemente baja en relación con la cantidad de energía entregada a un cuerpo por lo que no aumenta perceptiblemente la temperatura del mismo; no obstante, un cierto cambio físico o bioquímico puede que sea inducido y conducir o no a efectos potencialmente adversos para la salud. Esto es algo que no ha sido aún establecido fehacientemente.

Son variados los factores que intervienen en la exposición a campos electromagnéticos que un individuo puede recibir, sean éstos ambientales u ocupacionales. Dentro de estos factores que influyen en la exposición se pueden citar:

La localización de la persona con respecto a la salida del transmisor de una antena;
El tipo de antena y la dirección del transmisor;
La presencia de otra estructura cerca de la persona que puede actuar como reflector de las señales hacia ella;
El tiempo de tránsito o permanencia en un área dada del campo.
La salida, frecuencia y potencia del transmisor;
La distancia de la persona a ese transmisor;
La forma y tiempo de uso del transmisor
En el caso de exposiciones ambientales, muchos de estos factores, tales como la localización relativa con respecto a la antena, la presencia de otras estructuras y el tiempo de estancia en esa localización pueden asumir valores constantes. Pero para los operarios, es lógico considerar que estos factores son más variables, por lo cual los valores de exposición fluctúan en intensidad de acuerdo al trabajo, al tiempo y al dispositivo sobre el cual se opere.

En resumen, las exposiciones a las RF de telecomunicaciones dependen de un número importante de variables. Las exposiciones ambientales a RF producto de las antenas de estaciones base de los sistemas son muy débiles. Sin embargo, las exposiciones parciales locales del cuerpo que resultan del uso de teléfonos portátiles son más fuertes y pueden acercarse ocasionalmente a los límites recomendados por algunas normas.

Esto se debe a la localización puntual del dispositivo, estudios al respecto se encuentran actualmente en consideración. Además, la situación ocupacional (los operarios) que deben trabajar cerca de las antenas de las estaciones pueden sufrir exposiciones bastante fuertes como para requerir medidas de control que la limiten, particularmente cuando muchas antenas se encuentran en un mismo lugar o autoportante.

LOS ESTUDIOS

Los estudios realizados que se han dedicado a determinar los efectos potencialmente adversos tanto en el ámbito biológico como en el caso de la salud humana en general son muy diversos. Es de notar que la mayoría (sino todos) los estudios se realizan con animales de laboratorio, cultivos de células o tejidos. Algunos de los tópicos se señalan a continuación seguidos de un breve resumen para cada uno de ellos.

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